El Imperio es un pulpo gigante que abraza al planeta con sus grotescos brazos, brazos que se dividen a su vez para formar centenares de cuerpos abrasivos y alargados. Así es como la bestia controla los continentes, los pueblos, las naciones.
El pulpo succiona nuestra energía;
con sus tentáculos absorbe el agua, devora la Tierra y sus frutos, succiona el
aire y el viento, extrae el oro brillante y el “oro negro”; las ondas
hertzianas…
En cada uno de sus tentáculos aguarda
un capataz, un gerente, un funcionario. Los llaman políticos; pero nosotros
sabemos que no son otra cosa que coyotes
de cuello blanco y no tan blanco. Coyotes que se jactan por ser elegidos “democráticamente”
por su pueblo, pero… ¿quién en sus cinco sentidos elije a su victimario, a su
verdugo? En fin, nos empieza a quedar claro para que sirve la T.V. cuándo esta
bajo el control del Imperio.
El caso es que estos coyotes, que
con suma frecuencia son también delincuentes y criminales, están siempre al
pendiente de lo que pasa adentro y allende las minas, de los campos de cultivo,
de las fábricas, de las grandes tiendas y de las pequeñas, de los mercados
negros y de los mercados bursátiles, de las escuelas, de los templos, de las
plazas, de los escenarios, de los cines… siempre pre-ocupados y ocupados para
que la inversión de sus amos regrese multiplicada a los Centros y a las
Metrópolis.
Y no se vaya a creer que todos
los coyotes son iguales, ¡no, que va!; es así como tenemos:
Al coyote verdugo. Al coyote
mercenario. Al coyote carcelario. Al coyote capataz. Al coyote agente. Al
coyote gerente. Al coyote parlamentario. Al coyote ministro. Al coyote
ejecutivo. Diferentes colores de su pelaje también los distinguen. En México se
dice que dichos coyotes, tienen cierto parentesco con los dinosaurios; ¡vaya
usted a saber!
Pues bien, es así como cada brazo
del brazo del Imperio se organiza jerárquicamente, con el solo fin de que a través
de sus miles de tentáculos, el pulpo succione el agua, el aire, los frutos
terrestres, los metales, el trabajo… los mitos, los ritos, las historias… y
todo lo succionable. Como ustedes saben, esto además debe suceder en el menor
tiempo posible y, desde luego, al menor costo; pues de eso dependen las
comisiones, las regalías, los sobornos, las utilidades. Los coyotes más
afortunados aspiran también a sus respectivas acciones bursátiles, es decir,
son socios.
Es importante la eficacia en todo
esto, pues no vaya a ser que desde el cerebro de la bestia se decida retirar un
brazo con todo y sus bracitos y sus tentáculos; ¡¿qué harían los coyotes si
esto sucediera?!; pues tendrían que ponerse a trabajar como nosotros; pero eso
es lo que no quieren, y no quieren, entre otras cosas, porque no saben; por eso
dicen al unísono: “hay que crear el ambiente de paz social y las condiciones
necesarias para la inversión de los grandes capitales”. Eso lo dice por la T.V.
el gran coyote-primer jefe, y lo van repitiendo todos sus subalternos sin
chistar. El gran coyote lleva la voz cantante de una opereta cuya dirección
habrá que buscarla más lejos; quizá en Washington D.C., o en el Pentágono, en
Wall Street, en el FMI, en el Consejo de Seguridad de la ONU o en todos a la
vez.
Así es como la bestia funciona,
programada y teledirigida desde esos diferentes Centros y Metrópolis que están
conectados entre sí.
La pregunta obligada para
nosotros es la siguiente:
¿Cómo vivir, como habitar el
territorio, la Tierra, el planeta; más allá o más acá del influjo de los
tentáculos del Imperio?
Animación tomada de:
https://www.facebook.com/photo.php?fbid=545922432114500&set=a.202046699835410.50135.201067729933307&type=1&theater
Foto de Arturo Campos
(Lago de Chapala) publicada en el diario
La Jornada
Marzo de 2013.

