I
Al final del episodio, Penélope no ha
querido reconocerme,
Tocó mi rostro extrañada y ha cerrado
tras de sí la puerta;
La cerró, con esa suavidad que le
caracteriza.
Entre más terso es su trato, más duele la
distancia que abre.
El sol mancha la clara fachada, con sus
colores cálidos.
II
Apenas me alejo y doy media vuelta
Y ya la mar me extiende sus brazos
cristalinos.
Sus labios húmedos se abren y besan
salados las plantas de mis pies,
Los tobillos, los muslos, las heridas.
Abraza mi torso con sus piernas de agua
Mientras clava en mí su mirada azul,
Abierta, como el horizonte inabarcable.
Y yo volteo a Tierra
Cuando Penélope mira la escena desde su
ventana de Johari,
Observa si, tras el cristal más empañado;
Tal vez por ello no ve mi brazo y mi mano
que la llaman:
¿Pensará que soy un ser anfibio?
¿Acaso es cierto el rumor que corre por
el puerto?
¿Es Poseidón mi padre?
III
En tanto, la mar más húmeda que ayer, me
abre de par en par
Sus piernas ardientes, submarinas.
El sol se oculta en el horizonte.
A lo lejos,
Comienza a escucharse de nuevo,
El hermoso canto de las sirenas.
Antonio
Jiménez.
01/MAYO/2013
Querétaro,
Mex.

