No
quiero alarmarte amor mío, pero ayer los frenos de la motocicleta no
respondieron…
Sin embargo estoy aquí, escribiéndote, de este lado del muro.
En
cuanto pude fui con el mecánico, quién con las pinzas en la mano y cerrando la
pieza bromeó: ¿de cuánto es el seguro de vida que hay que cobrar, brother?
Sonreí condescendiente, no
quise explicarle que ningún seguro de vida tengo, que todo lo que he heredado y
heredaré será en vida, que no pienso agrandar aun más los bolsillos de los banqueros;
que evitaré como sea, que los que vienen detrás, esperen como cuervos la
llegada de mi partida.
Si amor mío, al parecer son
otros los que pretenden que deje la vida sobre el asfalto, así que se tomaron
la molestia de darme un susto, y sí, me espantó seguirme de frente la verdad,
pero al final alcance a poner el freno de mano; siempre cargo conmigo un “freno
de mano”, es lo que ellos no saben.
No
he ido a solicitar el acceso a las grabaciones, no sé si valga la pena, la
cámara municipal está tan a la vista que solo un ciego no puede mirarla; si de
verdad funciona el sistema que nos costó millones, ahí tendrá que estar
registrado el sujeto que se tomó el tiempo de abrir la pieza que ajusta el
mecanismo del freno, ahí debe de estar grabado, haciendo uso de al menos unas
pinzas, como bien dijo el brother.
Entonces
mi amor, no se trata de un impulso homicida improvisado. Alguien quiere echarme
a la muerte, ignorando que ésta me sigue los pasos desde hace más de cuarenta
años; desconoce que ya se llevó a mi madre, a mi hermana, a los tíos, a los
abuelos… y que yo sigo aquí, como una yerba mala.
Pero
insisten amor mío, insisten porque nuestro aroma les molesta; porque saben que
un hombre libre es como una oveja sarnosa en medio de su apacible rebaño, un mal
que contagia a la ciudadanía sumisa y obediente, y a sus masas tan trabajadoras
y tan disciplinadas.
Les
molesta que caminemos hombro con hombro al lado de los jóvenes inconformes, les
encabrona que se les comparta las experiencias, que se les muestre como se usa
una cámara de vídeo para registrar, entre otras cosas, los abusos del poder.
Les emputa mi “inmadurez”; “ya lo perdimos para siempre” dijo alguna vez un
imbécil lameculos en una entrada del facebook.
Pero
la muerte amor mío, la muerte verdadera, solo llega cuando llega y no cuando la
invocan los idiotas. De mi parte estate segura de que alargaré la espera, de que
cargaré siempre mi freno de mano, de que saltaré sus trampas mientras pueda, de
que sortearé sus obstáculos; de que seguiré en dirección de la flecha del
tiempo, pues el universo está en expansión y en movimiento, y no se detendrá,
por más que los glotones de poder y sus lacayos, intenten parar la rueda de la
historia.
Es
más vida mía, creo que todavía me tocará ver a varios de ellos caer… y no
precisamente desde un helicóptero.
Con
todo y sus baratas tentativas de homicidio, lo más probable es que la parca se
los cargue primero.
Así que antes del fin amor mío, antes de que todo acabe, voy a mostrarles algunas
verdades, de esas que incomodan. Si querida, antes de dejar la vida entre los
polvorientos caminos de la historia, les seguiré aguando su aburridísima
fiesta, se las aguaré por eso; por voraces, por cobardes, por mezquinos y por aburridos.
Lo
seguiré haciendo, nada más para ver si así aprenden a hacer fiestas de verdad y
nos convidan a todos.
Antonio Jiménez
Querétaro, México
7/06/2013